jueves, 11 de marzo de 2010

Capitulo Seis Abrí los ojos y estabas ahí


Luminoso con un aura nueva, más viva que la vida y más vigoroso que la fuerza de un río, desafiante, de intimidantes manos, vivía en un torbellino de un imparable subí y baja de finales programados por aquella que juega con nuestros horarios, hizo olvidar poco a poco a esa Nube. Desde pequeño fue enfermizo, lleno de maldiciones todas aquellas que sus raíces no tenían, él no lo sabía pero de alguna forma él era la fruta podrida de las profundidades del océano y por eso sus padres lo consintieron hasta los suspiros, criando el aumentando de su mal.

El resplandor que el irradiaba magnetizaba a todos, era el rey de las polillas, distraídas y maravilladas por cualquier brillo que emanara de su sonrisa, sus manos en pleno vuelo eran hermosas si las mezclaba con su infinidad de temas expulsados de su fuente vulgar.

Ella tan enamorada de este Zafiro, tan torturada por un Nube muerta; Soñaba despierta con el día en que ella fuera parte de esa iluminación, pero... entre ellos solo existían pisos de vidrio, castillos de cristal y el corazón un arma mortal. Además como si fuera poco, montones de arena de sal lo separaban y olas de kilómetros, su viaje eran solo estelares y solo se veían para saludar a su amistad para luego marchar a sus interiores.


• Confesión de Viento

Un día una tormenta de emociones hizo trisas las amistades y gravemente herido quedo Zafiro y sin meditarlo juntamos nuestras palabras y nuestros deseos de vernos, para por fin entender los latidos

Llego volando en una gaviota solo para decirme que me amaba y yo niña de Viento feliz hasta que las sonrisa las desbordaba de mis márgenes fluyendo eternas por el universo, le entregue un lazo para que fuéramos más que un par de viajeros en caminos de arena y mis labios llenos de temores de viejos recorridos rozaron los suyos.

Eran los días más primaverales, Ella sentía otra vez esa fuerza correr por sus venas y ese motor ya viejo, oxidado, comenzaba mutar en un tibio animal que descontrolaba todo. Por fin se le pitaban las mejillas de manzana, ahora de su boca solo salían pétalos y mariposas, El cielo era su casa y dormía todos los días sobre las nubes, con ellas recordabas sus técnicas y guardaba cariño para él, Zafiro, su Zafiro

Contaba las estrellas para buscar el día en que volvería a verlo y cuando lo encontraba su cuerpo era solo hoja desnuda, se movía como aguas embravecidas y sus emociones eran un cometa a punto de estallar, eras tú Zafiro quien moldeaba su figura esperando los eventos..


• Alma, la llave de mi mundo

Siempre que se veían era lo mismo, se escondían bajo los rincones de árboles en un cementerio de alegres parques y él que era tan terrenal hundía sus pasiones en Ella revolcando sus manos en el pasto, aprovechando cada segundo de la virginidad de los constantes silencios revueltos con barros de sentimientos.

Ya se había vuelto una costumbre, volcaban sus cuerpos a las hierbas el séptimo día y ahí volvían a conocerse sus cuerpos malogrados de los viajes.
él era un ladrón de pétalos y entre más le robaba más se sentía enamorado y Ella mientras en él abusaba de sus labios, imaginaba lenguajes para ellos, se los entregaba en pequeñas notas escritas con dedicación, Zafiro los abría sin ningún cuidado y hasta los soplidos se enteraban de aquellos códigos, porque no le prestaba atención a ninguno. Pero la joven de Viento era feliz atada a la venda de su amor impuesto con un besar. Joven simple encantada de viento la sorprendía hasta los más mínimos acercamientos y aunque fueran esencias que alguna vez ya había presenciado, sentía que era estar en un nuevo día.

Perdió la cuenta de las veces y del tiempo que no se vieron, así que imitaron a las palomas y a su vuelo, con ellas hacían flotar sus mensajes y besos.

En uno de esos viajes de brisas sin saberlo Ella le entrego una llave que ahora estaba oxidada, podrida de esperar manos tibias que la recibieran, de todos modos le entrego el destello de vida que le quedaba para que la puliera y la forjara. Lo tomo de las manos y subieron más arriba de las estrellas, pararon solo al ver centenares de mundos muertos, castillos deshechos y alegrías suicidas. -¿Qué es esto?- pregunto zafiro-, -esta es la llave que te doy sin mirar el atrás, toma mi mundo y mi motor, mi esencia y mi alma, has lo que quieras con ellos, pues mis luceros son también tuyos –con sus manos de alondra los soplo del rostro y los dejo descansar en sus ardientes manos, -ahora tienes mi alma, la llave de mi mundo-.


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