Has sentido alguna vez esa sensación de vomitar, por
el simple hecho de que te sientes mal (Sin caer en lo bulímico). Es una la
vivencia del mareo o de una larga borrachera. Todo gira, transformando el mundo
en elementos ajenos y distantes. Experimentando así, la más rara de las
sensaciones. En ese momento preciso te metamorfoseas en un ente externo al
universo, extrañando todo tipo de ser humano con su vida regular. Sufriendo
millares de ataques al egocentrismo, ya que crees que eres al único que le ha
tocado ser extraño, pero no es de este modo, solo es que jamás has tropezado
con alguien más experimentado.
Con el pasar de los años (inagotables en algunos
casos) me he percatado de que tengo muchas "mañas". Solo por nombrar
algunas...
No me gusta cruzar la calle sola. Debido a esto espero a cruce un grupo de
personas y yo me les uno disimuladamente, hasta terminar de cruzar la calle o
avenida, etc.
Gozo de comer pan con puré y repollo. Un extraño manjar para algunos, para mí
el éxtasis mismo. Además podría agregar a mi menú de rarezas la fascinante
dedicación con que cocino para otros. En cambio para mí... como cualquier cosa;
incluso el tipo aperitivo compuesto por limón cubierto con sal.
Adoro estar en la soledad de mi hogar y cantar a
todo pulmón, pero sin la necesidad de subir la música, porque me carga esa
gente que está sola y escucha la música a volumen máximo.
Me encanta tocar los cuadernos cuando están sin
usar. Olerlos. Pensar en donde escribiré y como lo hare.
Suele mirar hacia el cielo cuando olvido algo
durante una conversación.
Cuando estoy en pleno de la tristeza más onda o muy
enojada, suelo hacer algo que muy pocos se han dado cuenta.
Me gusta llorar cuando algo es muy bello. Siento
mis venas se llenan de emociones varias hasta que todas se juntan y las
impulsan hacia mis ojos y sin darme cuenta las lágrimas ruedan por mi
mejilla.
Detesto hablar con gente que no conozco en la
calle, en la fila para pagar algo, en el asiento vecino del micro, en la sala de
clases. SI no soy yo quien comienza la conversación no me gusta.
Me gusta que me hagan cariño hasta quedarme
dormida. Así como me gusta que me abracen mientras cocino y los abrazos tienen
que ser muy apretado.
Me gusta pensar cosas que escribiré algún día
mientras hago los deberes de la casa… peor siempre se me olvida por ejemplo
esto lo pensé hace varios meses atrás. No obstante por fin lo estoy haciendo,
pero creo que es el momento de detenerme antes que piensen que soy un bicho
raro… a pesar de que nadie lea esto porque este es el sitio de nadie.
Destrozada
se arrodillo a llorar sobre los pedazos de vida que le había quedado. Era
joven, capaz y llena de sueños, que a diario eran destruidos por aquellos que
debían alimentarlos. “Pobre vida la que llevaba”, pensó Polette. De cabello
negro y liso, ojos verdes siempre llenos de amargas lágrimas y sus pálidos
brazos mutilados, cada marca una desilusión, era casi increíble, porque ya no
le caían más.
Aun
lo recuerdo, tenía 13 años cuando me di cuenta que la vida era una mentira… 14
de abril, el día en que volví a nacer; en la tarde había estado dibujando en el
parque, me relaja ya que me distrae de los problema, si, son mis padres, son
bastante detestables, mi madre una mujer completamente obsesiva con la
limpieza, el respeto y la exigencia además padece de mal genio crónico, por
otro lado está mi padre que es totalmente lo opuesto, tiene una extraña
capacidad de raciocino… todo se lo toma con humor nada le parece importar, era
casi un mueble, lástima que ese mueble cobraba vida todos los fines de semana y
fuera de la casa…14 de abril, fue cuando lo descubrí. Estaba captando la sombra
de una amigable e inerte sonrisa de mariposa muerta, cuando de pronto lo vi.
Pasar… no estaba solo, había una rubia y dos adorables niños de cabellos
castaños, mellizos, no tenían más de 5 años; solté los lápices de carbón y
quede petrificada mirándolo, no lo podría creer, mi padre el mueble…tenía otra
familia, que ironías de la vida estoy segura que él me vio pero prefirió
ignorarme y alegremente seguir su paseo con sus hijos. 14 de abril… mi mundo se
vino abajo. Después no recuerdo muy bien lo que paso, todo empezó a ponerse
raro en la casa, los días eran vertiginosos, mi padre Javier un fracasado
dibujante con el aval de un prestigioso título de la Universidad Católica en
diseño gráfico, se había transformado en mi lacayo, hacia todo lo que le pedía
y extrañamente me regalaba de todo, me consentía hasta en los más mínimos
detalles ¿Qué curioso, no? Si bien me causaba gracia el asunto de tener lo que
quisiera cuando lo pidiera, pero… miraba a mi madre y me daba lastima, se llama
Teresa, quizás no tenga su título de ingeniería comercial pero actúa como si
tuviera uno, se gasta la mitad del día diciéndome que ella es un perfecto
modelo a seguir y porque no puedo al menos fingir que soy exitosa … como ella,
esta ciega … no se da cuenta que su mundo se derrumba y que es culpa de ella,
trata a mi papa como si fuera un perro, lo mandoneaba, le grita y lo trata como
si fuera un imbécil, aunque con esto
no estoy diciendo que no lo sea … porque se lo merece.
Creo
que era octubre cuando paso… si, era octubre, porque ya era primavera y en
el colegio siempre hacen una fiesta sin sentido para “celebrar” que las
alérgicas flores salieron a tomar sol, era obvio que yo no iba… odio bailar y
me cuesta un mundo hablar de cosas superficiales con gente que no conozco, pero
extrañamente ese año quería ir….mis pseudo amigas (compañeras de curso) habían
hablado de la maldita fiesta durante semanas y bueno… su infantil emoción se me
contagio ….pero solo un poco. Llego el día de la fiesta y me puse como de
costumbre mi polera negra con franjas blancas, mi falda negra y mis
zapatillas de lona, que también son negras … no salgo de ese color, bueno… a
veces me pongo una polera roja, pero nada más, mi gama de colores es bastante
reducida…
Camine
hasta el colegio en donde era la fiesta, ya era tarde eran las 10:00 PM creo…
vi pasar a un grupo, todo de negro con abrigos largos, sus labios pintados
y graciosamente similares a los vampiros, me quede pegada mirándolos como
tonta, no porque fueran raros o los encontraba ridículos, para nada encontré
que era genial, Entraron a la fiesta y se quedaron conversando en una esquina
aislados de todo el ruido de la música de “moda”, estaba cautivada, parecía
psicópata, los miraba a cada rato y de pronto… uno de ellos se me acerco, tomo
mi mano como si lo conociera de hace siglos y me integro al grupo, ahí me
devoraron con preguntas y yo tímida me ahogaba en balbuceos, no entendía nada
de lo que me decían, hablaban de música, películas y ropa, que yo jamás había
escuchado, repetían cada dos palabras algo que era como Goticuos y no entendía
que era, pero me interesaba cada vez más. Así como si nada uno de ellos me dio
un beso en la boca, ¡mi primer beso!; avergonzada salí corriendo, que más podía
hacer yo ahí…. No supe que hacer o que decir, era tan chica en ese entonces.
Recuerdo
que llegue corriendo a la casa, con el corazón lleno de emociones y me tocaba
la boca como su fuera un premio el que me hubiera ganado, entre a la casa sin
saludar a nadie y a paso rápido subí las escaleras, ni mi papa ni mi mama
se dieron cuenta estaban viendo televisión; Prendí mi computadora y ni siquiera
espere a que cargara cuando abrí el buscador Gaagle y
me puse a buscar “Goticuos”, ¡no encontraba nada!, y claro... como hacerlo si
esa palabra no existía, entonces mi mama me llamo o no me acuerdo, el asunto es
que no pude seguir buscando.
Pasaron
unos días después de eso y mi búsqueda no se detuvo, investigue por todos lados
que era el “Gótico” , porque ahora no estaba tan perdida, al menos sabia como
que se escribía y que era un movimiento que surgió por ahí por los 70 ; Estudie
todo sobre esta sub. cultura como si mi vida dependiera de ello, me sabia los
tipos que existían, la ropa que usan, los festivales, la música, lo sabía todo
y entre más leía más aplicaba en mi esos conocimientos nuevos, empecé a romper
mi ropa para que fuera más dark y dejar de ser esa niñita pequeña, experimente
la descarga de disco completos de bandas oscuras, las escuchaba como su pudiera
entender lo que decían, como si me llenaran un vacío en mi alma y las cantaba
con tanta pena y rabia… era como expresar mis sentimientos de una manera
explosiva, me hacía sentir bien … olvidaba todo… mi mama y la limpieza, mi
papa y su amante, yo y mi mundo gris, en donde veía desde la torre más alta lo
que ocurría a mi alrededor y no podía hacer nada, solo ver como se destruía volviéndose
más gris.
Volví
el lunes al colegio. Salí tarde de mi casa, como siempre y no era porque tenía
muchas cosas que hacer en la mañana si no que era la costumbre de vivir cerca
de mi “casa de estudios”, bueno... todo me queda cerca en realidad como vivo en
el centro, es cosa de dar dos pasos y ya estoy en el corazón de mi querido y smogiento Santiago de Chile. A la hora
del recreo estaban ellos… en un rincón del patio, parece que estos tipos solo
conocen los rincones, escondidos de las críticas de los profesores por sus
negros atuendos, esperaban que los 15 minutos de descanso acabaran y que todo
el tiempo de sus vidas también. Me acerque atontada y salude, ellos no se
hicieron mayor problema, continuaron su conversación como si yo no existiera,
pero poco me importo, soy testaruda…. y hable al aire de las cosas que había
aprendido el fin de semana, mágicamente los góticos me tomaron atención y muy
lentamente sentía que era parte de ellos, quizás no sabía sus nombres, ni el
curso, ni porque ellos eran góticos, pero si sabía que compartíamos gustos y
que la vida era el mismo asco para mí como para ellos.
Llego
el verano y con eso el fin de las clases, el verano era lo peor que podía existir…
la ciudad se volvía un desierto de grises gigantes habitacionales, el
centro, la plaza de armas se trasformaba en la playa de los gringos y otros
extranjeros, se apestaba de tartamudos hispano-estudiantes que
con saltitos en la lengua escupían palabras cargas con ese típico acento de sus
europeos países , y yo sola ahogada en mi departamento santiaguino céntrico,
con un favorable incremento en mis gustos góticos, últimamente he empezado a
usar corset pero me incomoda un poco porque me aprieta las costillas y siento
que no puedo respirar, ¡pero! He descubierto que los encajes me hacen ver mucho
mejor, me veo mayor con los escote que ahora uso, no tengo mucho que mostrar en
realidad, soy de estatura promedio y mi peso es el que debería tener cualquier
niña
De
mi edad, no tengo ninguna gracia… Para colmo soy distinta a los demás en mi
manera de sentir y de percibir la realidad, no podría decir en qué, pero sé que
existe esa brecha entre los comunes mortales y yo.
Según
mi frágil memoria, me había convertido en todo una gótica, pero estaba sola
mientras la ciudad ardía con el verano y yo ingenua casi contenta por
serlo, descubría el extraño mundo del Libra-Centro;
El libra-centro era un edificio enorme que estaba a unas pocas cuadras de mi
casa, ahí se escondía toda la basura juvenil y lo sub-cultural, podías
encontrar de todo, era un mundo aparte dentro de la ciudad de Santiago.
Me
acuerdo que ese verano comencé a conocer a más y más góticos, sentía que ellos
eran mi verdadera familia, entendían mis pensamientos, mi odio contra este
mundo tan podrido, pero ser gótico no era solo ser un reprimido social y mis
pensamientos con esas raíces fueron incrementando con el correr de los meses,
porque ser gótico era contemplar la belleza en las cosas más pequeñas y con eso
no me refiero a ser minimalista todo lo contrario, ser gótico es … tener otros
ojos para ver el mundo, mirarlo con la belleza de las cosas que hasta el tiempo
dejo olvidadas.
Parece
que era marzo porque yo recuerdo que mi mamá estaba histérica por comprarme el
uniforme, como siempre haciendo las cosas a último minuto… bueno con el asunto
de usar corsé parece que había adelgazado unos cuantos centímetros y crecidos
otros más, así que yo estaba de lo más contenta, aunque me incomodaba mucho
usarlo, era doloroso, los fierritos se me enterraban en la piel y me dejaba
unas pintitas rojas, pero nadie dijo que esto iba a ser fácil. Lo que no sabía
era que este año escolar iba marcar el resto de mi vida y no solo porque este
año entraba a primero medio. Todo comenzó la segunda semana de clases,
tontamente pensé que vería a mis pálidos amigos góticos, pero no fue así, me
sentí triste y cada vez más incomprendida, todo por culpa de mi nuevo atuendo
dark, ya no hablaba con mis pseudo-amigas, peor aún, no hablaba con nadie…
sentía que todos eran unos tontos e ilusos que vivían en un mundo de fantasías,
una burbuja, ni siquiera eran capaces de ver a su alrededor y contemplar las
cosas tales como son, no pueden percibir el dolor, el sufrimiento ajeno, todo
era un eterno juego y entre más jugaban a tener un vida, mas plásticos se
volvían, mas falsos, con sus proyecciones de un futuro que no alcanzarían a
tener por culpa de sus propias e ingenuas mentes que con lo único que han
trabajado en toda su vida es con sus vacías ilusiones. Me deprimía pensar eso y
que nadie pudiera ver lo mismo que yo…
Me
fui caminando hasta mi casa, llevaba la cabeza abajo, miraba las sucias
baldosas, me sentía como ellas, siempre ahí, en el mismo lugar de siempre, pero
acaso ¿alguien las mira?, alguien se pregunta ¿Qué hacen ahí?, acaso alguien en
este mundo las mira con aprecio, no solo las pisotean y no ven más allá de lo
cotidiano, de la belleza de su simpleza y de sus dibujos borrados: estaba
pensando en eso, cuando de pronto tomaron de mi brazo y comencé a correr por
impulsos, escuchaba risas y murmullos, finalmente cunado pude ver de quien se
trataba, los vi …. Eran ellos, parecía que hacia siglos que no los veía, sus
caras pálidas, sus cuerpos delgados, su maquillaje negro y por sobre todo sus pláticas.
Ese día por fin nos conocimos, ósea…. Intercambiamos nuestros nombres y nos
contamos cosas no muy triviales de nuestras vidas, cosas como en donde
vivíamos, que edad teníamos y esa clase de cosas, descubrí que ellos iban en
cuarto medio y que habían estado haciendo la cimarra durante
todos estos días, era como una tradición para ellos faltar las dos primeras
semanas de clases, aunque yo no le encuentro mucho sentido, pero así eran
ellos, quizás era un acto de rebeldía, pero en ese tiempo yo no entendía aún
muy bien la realidad, quizás podía entender solo una parte pero no todo de lo
que me estaba esperando.
Los
meses que vinieron fueron lindos, fue una etapa de descubrimiento, me sentía
tan contenta de tener a mis amigos en el colegio, nos veíamos en los recreos y
a la hora de salida, camino a casa hablábamos de poesía y música, por fin
encontraba alguien con quien hablar como un igual, por fin sentía que la
amistad existía y al menos creía que ellos me querían, Con ellos sentía que
podía ser yo misma, aunque muchas veces me pregunte quien era en realidad.
Estaba el Jorge tenía 17 años era bajito de pelo crespo y de tez blanca, él era
el más callado, hablaba solo cuando era preciso y también viva cerca del
colegio y obvio iba en cuarto medio, también estaba Pamela, morena de pelo liso
y negro, era muy linda parecía una alfa, claro que morena… era muy precisa
siempre con estado de ánimo perfecto, todo en ella era envidiable, siempre leía
de las el último libro de Coelho o era la primera en ir a las exposiciones de
arte y por supuesto ... tenía amigos en todos lados, mmm... ¿Quién mas era del
grupo …? ¡Ya me acorde! Francisco, él era un espíritu libre, delgado, fumador
compulsivo, 18 años, pelo castaño oscuro y los ojos color miel, alto y
blanco, amaba amar no importaba si era solo un instante breve, el asunto era
amar a alguien y sentir de ella toda su pasión, era un galán, aunque aparte de
fumador, tenía la extraña manía de citar autores franceses ( una técnica muy
clásica para conquistar mujeres ), se me olvidaba un detalle... él fue el que
me beso aquella noche, según él dijo “fue un impulso irresistible” , siguiendo
con el listado de mis amigos colegiales en esa época, finalmente estaba él, si
él … era un sueño se llamaba Alexis media algo así como un 1,75, tenía el pelo
negro y los ojos verdes, pero no así como los míos… los de él eran tan lindos…
verde claro, que casi uno se podía ver en ellos, ¡ay! Él era un sueño… siempre
serio, con una mirada profunda, muy reservado y cuando decía algo…. Era así y
todos estábamos de acuerdo en que él era un sabio y no por edad porque apenas tenía
18 y ni hablar de sus poesías, escribía unas cosas…. Que uf…, que uno sentía
que el alma se le iluminaba de emociones y en cualquier momento podría
reventar, lo reconozco … no solo lo admiraba, me gustaba, pero yo era tan
tímida para hablarle, de hecho cada vez que él se me acercaba yo comenzaba a
temblar como una hoja en otoño y era tanto mi nerviosismo que la lengua se me
trababa y no sabía ni siquiera que decir, tristemente sentía que él pensaba de mí
que era una idiota, ¡no es mi culpa que él me guste tanto y que se me trabe la
lengua !, cada vez que pienso en el me provoca melancolía porque sé que una
inútil como yo jamás podría estar a su lado, jamás podré tomarle la mano, jamás
podré decirle mis poesías.
Es
una tragedia nuestras vidas, nacemos para sufrir, vivimos para morir, somos solo
juguetes de nuestro destino, simulando ser libres aunque sea por un ratito,
amar era la única forma para despejar mi mente de ese sentimiento y si él no me
amaba, ¿Qué debía hacer? a diario repetía esas palabras, como si fueran
una especie de ritual, lo decía todas las mañanas, lo decía cada vez que
lo veía, lo decía cada vez que estaba acompañada de mis pensamientos, parecía
que me estaba volviendo loca, no podía dejar de pensar en él, en su malditamente adorable sonrisa, su
recurrente habito de quitarse la chasquilla de la cara; si esto era que a una
“le gustara alguien” como decían mis inertes ex amigas, entonces ya no lo
quiero sentir más, porque me he transformado en un zombi lleno de recuerdos
vacíos, lleno de desprecios, ¡porque él no puede ver que estoy ahí! Al frente
de su pálido rostro con mi timidez expeliendo de cada uno de mis poros.
Todos
los días llegaba a mi casa y era como si un fantasma pasara, nadie se daba
cuenta, si estaba o no, nadie sabía a la hora que llegaba o si llegaría, mi
madre siempre en su mundo de limpieza, lustrando y sacando brillo a todo, mi
padre distraído y estupidizado por
la televisión. Mi mundo estaba repleto de soledad, era por esta razón que yo me
encerraba en mi cuarto, me tiraba en la cama y durante horas miraba el cielo
del cuarto como si en el pudiera encontrar las respuestas a mis problemas.
Imaginaba una vida más agradable con una madre amorosa que todos me recibieran
con un tierno abrazo y para la hora de la cena todos comiéramos como una
familia feliz, en donde mi padre hiciera bromas y me ayudara con mis tareas,
pero no era más que una mentira. Cuantas veces me pare sobre la ventana del
cuarto pensando en tirarme, aplastar mis pensamientos contra asfalto, sin
embargo soy demasiado tímida y cobarde para hacerlo es por esto que tome el
camino más fácil, me lo había enseñado Pamela una tarde que fuimos al Libra
centro, tenía los brazos completamente llenos de marcas y cicatrices me dijo
que era una especie de “terapia” que los góticos llamamos “cortarse”. Ese mismo
día cuando llegue a mi casa, subí a mi pieza y lo hice, con el pasar del tiempo
ya daba lo mismo, tomaba un cuchillo, un vidrio, lo que fuera y empezaba a
cortarme las piernas luego los brazos, cuando lo hacía podía sentir como mis lágrimas caían
por mi rostro, mi alma se elevaba hasta sentir que ya estaba lejos y era como
si estuviera muerta, por instantes los problemas escapaban de mí, entre más
cortes, más muerta estaba.
Cada
vez que pienso en mi época de escolar, no puedo lograr encontrar verme feliz junto
a mis padres, pero cuando estaba con mis amigos, aquellos guardaespaldas
durante los recreos y a la salida del colegio, todo era diferente, todo era
risas y jolgorio, muchas veces creí que tenía una doble personalidad, alguien
que ocultaba su vida tras las sombras de estas ciudad, en casa era aquella
muchacha tímida que le gritaba a sus padres para poder escuchar su música
gótica y con mis amigos, todo era distinto, era alegre, no hablaba mucho pero
siempre me reía de todas las tonteras que hablan los demás. Como olvidar esa
semana en la que Francisco falto y nadie sabía de su paradero y un día en el
que me sentía aburrida de la clase de matemáticas me escape y lo vi., en el
pasillo, estaba de espaldas fumando compulsivamente, corrí de alegría para saludarlo
y sin que se diera cuenta le tome su mano susurrándole tiernamente “ Hola
francisco”, él salto del susto dándose vuelta para averiguar furiosamente quien
había sido aquella fémina que lo acosaba de tal manera, -¡Polette, me asuste,
por la mierda!, dijo furioso Francisco-, después de eso le pedí disculpas sin
mirarlo, pero cuando lo hice, no pude evitar reírme a destajo, ya que veía
horrible, estaba ojeroso y tenía el cabello teñido rubio, al comenzar a
reírme no resistí preguntarle que le había pasado, Ahí comenzó una más de las
historias de Pancho. Todo ocurrió una cálida tarde de verano, en donde era
habitual caer sobre las garras del ardiente y crudo “amor” y para hacer aún más
típica esta estación del año, Francisco, mi amigo colegial, se proponía metas y
no precisamente de estudio o conseguir trabajo o juntar la mayor cantidad de
palitos de helado… para nada, Francisco siempre quería más, mucho más que los
chicos de su misma edad o según yo sabía jóvenes de su edad solo tienen ese
tipo de pensamientos como fantasías, pero bueno así es él… Francisco tenía
como meta acostarse con la mayor cantidad de pseudo-mujeres, que en realidad
eran niñas mostrando sus sostenes. Ese verano logro romper todas sus
marcas, lo hizo bastante bien. Salio todos los fines de semanas en busca de sus
presas, un animal sediento de una caricia barata e inexperta, de un susurro
sucio. Con sus encantadoras cualidades, mirada bohemia, actitud cautivante, era
todo un galán. Entupida, cayo María ante las casi vampíricas seducciones de
este amante ligero. Sus atuendos caían, mientras abundaban alocados besos mal
puestos, descolocados por la lujuria y ineptitud en el acto sexual por parte de
la virgen, se desearon hasta el alma, entre suspiros vaporosos sus cuerpos
se derritieron entre las telas del viejo colchón de María, cada quejido el
estallar de emoción, cada gota de sudor era un poco más de pasión, una lluvia
de pétalos de rosa para finalizar en el acto de la reflexión, lastimas que
esta reflexión termino en el más común de los errores adolescentes…. Un condón
roto, de ahí que María paranoica aguardaba por el día en que le llegara su
menstruación, espero y espero…. Pero nunca llego. Francisco no contestaba sus
llamados ni sus mensajes de textos, María sufrió sola durante un mes hasta que
un día el destino los hizo tropezar, él estaba paseando con otra chica en Libra
Centro, ella caminaba mirando el suelo y lloraba mientras pensaba en el futuro
que se le avecinaba, de pronto choco con alguien, levanto su vista para ver quién
era, por supuesto que era Francisco, se miraron un largo rato, pero fue ella
quien rompió el silencio ”Estoy embarazada” balbuceo María, -lo sé- contesto
Francisco, -¿Qué haremos?-, en ese momento La chica que acompañaba a nuestro
amante ligero salió de ahí corriendo furiosa, lo cual dio lugar para que
nuestro amigo tomara ventaja de la situación y como acostumbraba hacer, le
mintió, le prometió que todo estaría bien y el haría hasta lo imposible
por remediar esa situación. Por supuesto que a partir de ese día Francisco dejo
de ir al colegio y se encerró en su cuarto, no comía nada, no salía a fiestas
ya no nos acompañaba al Libra centro, lo único que hacía era fumar
compulsivamente, un cigarro tras otro. Por desgracia nuestro seductor amigo es
un idiota al momento de idear un plan y como se dio cuenta que reprobaría el último
año por inasistencia, entonces ideo uno, bastante apegado a su estilo, se tiño
el cabello rubio y creyó que con eso María no lo reconocerla en el colegio, se equivocó,
ella lo reconoció al instante, de hecho lo hizo el mismo día que yo lo vi,
después de eso no supe nunca más de Francisco, bueno… metafóricamente hablando,
pasábamos uno al lado del otro cruzando miradas pero ahora éramos
simplemente familiares fantasmas, él ahora solo andana del brazo con su
“novia” obligatoria, atado únicamente a mirarla a ella, sin embargo en sus ojos
se notaba la ausencia de libertad, se notaba que anhelaban escapar.
Estaba
terminando el año y mi cuentas eran más bien negativas, me di cuenta que ya no
era la niña que alguna vez busco en Gaagle la
palabra “Goticuos”, ahora todo era distinto, no
hablaba con mis padres, salía a donde yo quería y todos los fines de semana me
perdía en algún lugar. Había empezado a beber, Pamela fue la que me obligo a
hacerlo diciéndome que si no lo hacía quedaría como cabra chica en las fiestas.
Solíamos ir al Pub 48, ahí se juntaba la elite de todos los góticos y entre
ellos yo, que cada día lograba más popularidad y para eso la estrategia más
hábil era emborracharme hasta perder la conciencia mientras baila con todos,
aparentando ser muy culta, sin olvidar mi estrafalario atuendo sacado del siglo
XV y entre más vampírica parecías más bella eras. No obstante Pamela y yo en
algo nos diferenciábamos, si bien, ella me enseño todo eso, yo jamás seguí
todos sus consejos, nunca fui igual de promiscua que ella, muchas veces tuve
que volver sola a casa, ya que ella estaba en algún motel barato revolcándose
con cualquier idiota pervertido, que deseaba satisfacer su cuerpo con la
primera tonta que cayera en su trampa y ahí siempre estaba Pamela para a
complacer a todos los adolescentes que babean por un poco de lujuria. Era a tal
extremo que era capaz de llevarlos al cielo en cualquier lugar, en el asiento
delantero de un auto, cuantas veces grito la gloria experimentando mil orgasmos
entre los roces de una ardiente caricia, gritando a toda velocidad. En
términos más vulgares Pamela era la puta del pueblo a todos los mantenía
contentos a cambio de invitaciones al cine o al teatro, pero yo era la única
que podía ver a través de sus ojos y comprender su verdadera esencia, ella era
solitaria y odiaba esa condición es por esto que le encantaba llamar la
atención para que el mundo le recordara que existía, adoraba que la amaran con
desesperación aunque fuera solo por 30 minutos porque luego de eso nadie más
estaría a su lado para quererla de verdad, dependía de amar brevemente para no
enfrentarse consigo misma y a la terrible soledad, pero quizás… yo no era tan
distinta a ella, ahora que lo pienso… me doy cuenta que estaba hecha de la
misma madera y lo peor de todo es que la mía estaba podrida, al menos ella
trataba de mostrar lo que sentía en esos segundos de felicidad comprada, pero
yo… yo solamente actuaba así para olvidar la existencia de Alexis, borrarlo de
mi memoria y divertirme como una estúpida aparentando ser genial, ser popular
como él. No me había percatado hasta ahora que en realidad yo era la más falsa
en ese grupo, todos buscaban la felicidad de algún modo y yo era la que vivía
dependiendo de la felicidad de los demás, si Alexis me sonría mi mundo
estallaban en un mar de alegrías, si Alexis me ignoraba, mi mundo lloraba
sangre y se ahogaba en un absorto universo de penurias, no obstante... Mi mundo
se hizo realmente oscuro aquel día… desde entonces él me perpetuo a un
existencia sin luz solar. Hacia el típico calor de noviembre, las niñas usaban
sus cortos uniformes para seducir a sus galanes, por supuesto que yo también
seguía el ejemplo, fue ahí cuando Alexis me hablo, estaba caminando en
dirección al colegio y de la nada él apareció, fue tan extraño… debía haber
pensado que algo estaba tramando pero no… me deje llevar por estúpidas
emociones infantiles, él se acercó tiernamente, estiro su brazo y lo dejo
reposando en mi hombro, no hablaba solo me observaba de vez en cuando y yo le
respondía con ruborizadas miradas, esa caminata parecía sacada de un sueño que
jamás terminaría y antes de llegar al portón del colegio, junto su rostro con
el mío y me dijo en un susurro lleno de amor “Nos vemos a la salida Polette”,
luego se alejó corriendo y cuando estaba muy lejos voltio y grito “ ¡No lo
olvides, a la salida!; Ese día fue el más largo, todos trabajaban lentamente.
La profesora de historia explicaba cosas que yo no lograba entender, su voz era
difusa y distante, solo podía ver el reloj que estaba arriba del pizarrón y con
desesperación observaba el minutero que justo el día de hoy andaba más lento
que nunca, luego venia el recreo de la primera hora y justo hoy me fastidiaba
escuchar las estúpidas platicas de Pamela, de Jorge y de todos en general, solo
podía clavar mi mirada en la de Alexis que reía con coquetería cada vez que lo hacía,
después siguió la clase de matemáticas, seguida de mil ecuaciones que no quería
hacer, los números se plasmaban solos en mi cuaderno rogando por mi atención,
pero justo ese día yo era muy egoísta como para prestarles atención y por culpa
de eso me echaron de la sala, ese fue el minuto más alegre de ese día
porque por fin pude sentarme a fuera del salón y observar el techo con
todo su esplendor, imaginando que ocurriría a la salida de clases; en mi mente
repesaba una y otra vez como Alexis se me declararía, como nos tomaríamos las
manos y el beso que nos daríamos. Continuamente siguió el segundo recreo que
fue prácticamente igual al primero, con el grupo dimos mil vueltas al rededor
del colegio hablando de cosas que no escuche porque Alexis me tomaba la mano
mientras caminábamos y cuando lo miraba él soltaba la mía y se reía, con esa
risa que yo tanto amaba porque mostraba sus lindos dientes blancos y sus labios
de pálido color, con esa risa que sus ojos también lo acompañaban y yo flotando
entre mis ilusiones, durmiendo en los laureles junto a él, pero el sueño se terminó
cuando tocaron la campana y lo único que eso podía indicar era que debía volver
a mi cuarto de torturas llamado “biología” y apenas comenzó la clase el
minutero por fin se puso en marcha muy rápido hasta que por fin tocaron la
campana de salida. Sentía que el pecho se me iba abrir con los golpes de mi
corazón y cuando mi emoción estaba completa, apareció Alexis, me abrazo y sin
decir palabras me llevo hasta los camarines y comenzó a besarme el cuello,
la cara, por todos lados, yo no decía nada estaba tan contenta que recibía sus
besos con tanta ternura… entonces… él me golpeó en el rostro y comenzó a
gritarme “¡quítate la blusa!”, no entendía nada, Alexis se enojó, yo lloraba,
estaba confundida, rompió mi blusa y mi falda con desesperación y violencia….y
gritaba ¡no puedo hacer esto!, trataba de calmarlo diciéndole que yo lo amaba,
pero él más se enojaba con eso, me tomo del pelo y me golpeo nuevamente, me
tiro sobre unas colchonetas y con una mano me empezó a ahorcar mientras me
besaba los pechos, luego se sacó los pantalones y ahí me violó… -¡gime!
Exclamaba Alexis y yo empapada en dolor solo sentía como me caían mis
lágrimas, mi mundo se transformó en un lugar nublado por el llanto, trataba de
no mirarlo a la cara pero él me seguía maltratando, cuando él eyaculo se subió
los pantalones y se puso la polera muy calmado y para cuando ya estuvo listo,
me miro con desprecio y colérico me gritó “¡Hice esto porque conozco tus
sentimientos, a ver si ahora dejas de pensar en mí!”, luego me pateo en las
costillas y allí me abandono. Estuve horas llorando, me retorcía en los trapos
que alguna vez fueron mi uniforme de colegio, trataba de abrazarme buscando
consuelo pero nadie me escucho, tratando de taparme caminé débilmente hasta mi
casa. Desde ese día me volví aún más callada, ya no tranzaba palabras con nadie
ni en la casa ni en el colegio, me costaba trabajo conciliar el sueño y
mis ojos eran de yeso, estáticos e inertes se plasmaban mirando figuras hasta
perderse en el infinito vacío en donde encontraba aquellos recuerdos de colores
sepia como si fueran un cuento muy ajeno, pero mi cuerpo no lo sentía tan así,
cada vez que me bañaba las lágrimas se disfrazaban del rocío de la ducha, me
abrazaba en la espuma del jabón arrodillándome en frio suelo descubriendo mi
propio cariño y mis deseos de consuelo. En cuanto a él… le falta 1 semana para
salir del colegio cuando me hizo esto, Pamela y Jorge no comprendieron porque
rechace ir a su graduación ¿pero cómo alguien podría entenderlo? Si durante
horas llore gritando por ayuda, si por horas se destruía mi alma.
Luego
que Alexis se graduara del colegio me volví a transformar. Pase de la extrema
timidez que él había dejado dentro en mí; la cubrí con una rudeza que
desconocía, sin percatarme mi uniforme de colegio fue cambiando poco a poco,
tal cual como lo hizo mi personalidad. Esos meses fueron los más alocados de mi
corta vida, experimente el hacer la cimarra un millar de veces, perdí el
respeto por todos y si bien, algunos podrían decir que no cambie y tanto, no es
así… porque antes intentaba aparentar ser una adolecente descuidada de sí misma
pero la timidez siempre me vencía. Sin embargo, ahora era sin duda alguna una
joven irresponsable. Ya casi no llega a mi casa; salía del colegio, caminaba
por inercia hasta llega al Libra Centro y allí me juntaba con mis nuevos amigos
Góticos. Todos eran un claro ejemplo del ser “Una extraña belleza”,
constituían la esencia pura del estilo gótico. Eran seres que apreciaban la
vida y la muerte en todos sus aspectos, valorando desde el ente más ínfimo,
encontrando en ellos la magia de los preciosos detalles de su existencia,
siendo así la tristeza de nuestros entornos. Pero también cabe decir que eran
jóvenes por lo tanto sus vidas no solo consistía en la filosofía de nuestros
espíritus, también llevaban una desbordada dieta basada en el alcohol, las
fiestas y las drogas.
Cada
día más perdida dentro de mi alma. Decidí darme por vencida antes las sutiles
artimañas de los encantadores vicios, después de haber sido violada ¿Qué más
puede importar? Mis actitudes fundamentales se dejaron desvirtuar por las
múltiples somniferaciones que
dejaban los pitos de marihuana.
Olvidando poco a poco los extraños sucesos de noches pasabas. Solo tenía la
certeza que a la mañana siguiente despertaría con el repulsivo olor de mis
propios vómitos y con suerte con un joven que penas si reconocería entre
mis piernas. Se podría pensar que yo era una cualquiera y la verdad no me
importaba la opinión del resto. El asunto es que yo divertía y jugaba con los
sentimientos de mis galanes nocturnos de mismo modo que alguna vez lo hicieron
conmigo.
Recuerdo
algunas noches en particular. Había bebido más de lo que a una señorita le
corresponde consumir y entusiasmada con el valor que nos proporciona el alcohol