El Tiempo había carcomido su esencia, ya no visitaban su mundo,
era innecesario si tenían todos los colores y vapores en sus piernas.
Cada vez que se perdían se enjaulaban
entre telas para cortar los brotes de pureza, los únicos testigo de sus
afiebradas pasiones siempre ventanas sudorosas y plumas de un edén nuevo. Ahí
investigaban rincones in-placenteros de vejez y entre más lo buscaban sus
sabores más ácidos y furibundos se ponían en su boca; Nunca habían muerto en la
gloria del cielo y las rutinas de caricias eran la risa de la aburrida secuencia
¿perseverantes almas de lava esperando a emprender el vuelo de este mundo
terrenal?
Infestada del virus de que él tenía, de
sus canciones sórdidas que entonaban su odio por la magia ternura que Viento
poseía y los días eran minutos de agonía secreta incluso para Ella, era la
pesadilla más linda que tenía, el sueño más lejano de sus noches de luz. Pero
como darse cuenta si hasta sus luceros los tenía él.
Acaso él no entendía, ella necesitaba de
su alma caída, rogaba por sus palabras y cuando las encontraba siempre tenían
texturas ásperas y todo terminaba en torturas de lluvias descontroladas, quería
destruir con omisiones sus canciones sin sentido.
Seudo- felices, sin observar que eran un
conjunto de amargos sentidos que caminaban de la mano para chocar con sus
incumplibles palabras y aunque sabían que era una mentira anhelaban que se
realizara, Zafiro no se rendía con solo jurar, porque siempre desea algo más y
todo lo que él hacía era mucho muchas de lo que el mundo pudiera moldear
Viento dejaba su vida por él y según decía
lo amaba más que todas las esencias juntas, pero de que servía si el egoísta
Zafiro siempre pedía más, agotando sus recuerdos, exprimiendo sus besos y
ensuciando su futuro, sembrando en Ella esperanzas e hilando destinos que
utópicos se quedaban en enunciados.
Alguien a lo lejos sin sentir su forma,
tan solo con la idea de un susurro viajero piensa “Que no muera, ruega que
despierte su ojos dopados”.
Capitulo Ocho
****Afila tu brazo y déjame agonizar****
Joven niña de viento muriendo lentamente
la emoción de amar con tantas fuerzas, padeciendo el calvario de tener en su
cuerpo las heridas de ese Zafiro, que entre la oscuridad de las amistades él
era la más radiante alegría, ¿Por qué no podía ser también su brillante
alegría?, sin embargo Zafiro siempre inundaba su corazón de vergüenzas y
amargas experiencias, matando la posibilidad de tener una eterna primavera. La
mantenía atada a grises momentos y sobre exponía sus cuasi- intentos y los
glorificaba para opacarla aún más a ella.
Solo, entumido en rutinas viaja sin mapa,
guiado de las desesperanzas, continua su vida entre los soplares del destino,
¿hasta dónde lo llevaran? Una tarde decide remecer sus días y emprende una
travesía estelar, camina entre estrellas y cometas, explorando amistades
falsas; busca sin explorar y mira sin observar la galaxia en la estaba, le
llama la atención la fluidez de un ser que aparenta incompatibles síntomas con
su cuerpo de Joven De Música.
Zafiro cobarde piedra de eterna tortura le
envía a Viento, la última de sus cartas, remitiendo besos envueltos en
mentiras, para secar las pequeñas gotas de respeto, para liberarla de su
constante agobia crónica y para por fin matarla. Se veía encadenado a una
realidad que ni siquiera él podía tragar, para sus brillos era armonía al media
día, pero solo eran falsas expresiones de sus buenas actuaciones de juego
imparable de paladín. Estaba invadido de lágrimas su vínculo y se había
marchitado el cariño
Ingenua niña de Viento por fin empezaba a
entender, después de haberle entregado sus luceros una tarde de vapores,
después del primer llano, él se atrevió ponerle fecha a su amor, Ella hundió su
cara en su rio y en él se vio, era ella la joven de los tiempos modernos y sola
corrió a la estación y ahí lloro recordando momentos de sus vidas pasadas,
imaginando canciones familiares sacaba la vergüenza de su rostro y otra vez se
juntaban esas palabras en su mente ¿Por qué entregue mi llave?, porque siempre
caía en las redes de cualquier ruin que entregara el primer “te amo” en dos
pétalos lleno de ciegues, maravillándola con sus sonrisas de amor, de
creatividades falaces y de sentimientos de cama.
Viento pequeña niña que juega ser mujer
destrozada entre redes de lastima de su vida en canción, aflora mares de sal y
se funde en dolores insanos. Las risas almas vacías del ayer, la alegría
sombras coloridas y todo, un profundo ahogo de soledad.
¿Qué hechizo tenia Ella?, si amaba con
cuidado no era pasión y cuando lo hacía nadie podía responder lo que era, pero
cuando en mañanas en las que aclaraba el sol, el mundo tenía ganas de acabar y
destruir todo el, ahogar sus risas en llanto, cubrir en añicos sus lugares
mágicos.
Suelta ya su alma Zafiro la deja huir,
respira hondo y la cúlpala de sus mentiras de palabras ahorcadas y toma cada
pétalo de la flor del “Valor” para hundir su canción.

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