Como siempre, cada vez que el destino la hacía girar, medito que
era mejor cerrar las ventanas… pero hubo algo, una Nube, que la seguía a todos
lados, no la dejaba en paz. Sin embargo las ganas de danzar no eran las que
Ella quería, pero cualquier cosa era mejor que estar consigo misma y tratar de
soportar los oscuros pasajes que no paraban de repetir el nombre de quien las
había creado, ese mismo que las había destruido.
La Nube era como cualquier otra, a Ella no
le impresionaba su viaje o su forma, no significaba más que piedras, tan frías,
tan comunes y normales.
Con los días se dejó atrapar por esa Nube,
sabía que él la podría retener por un instante breve, pero sus impulsos jamás
los dominaría, ¿pues qué podía ser una niña de Viento con una Nube? Fácil
cuando Ella quería lo movía y corría con tan solo un soplar. Mas parecía que
sus manos lo odiaban pero su ligera mente necesitaba sentir que andaba descalza
por la cruda falta de la compañía.
Por su droga se volvió sumisa y permitió
lo que fuera por tenerla, volvió a cambiar de forma, desnudo su cuerpo de agua
y lo cubrió de piel de conejo, permaneció suave y mansa, así las caricias de la
Nube podrían ser saciadas y su adicción calmada, para finalmente ayudarla a
detener la película de recuerdos con tintes de obra teatral.
Un día requirió de una dosis más fuerte,
pues se moría por una intoxicación de amores falsos. Planeo con cuidado el
momento de bajar sus fiebres de adicción. Olores de primavera y vientos de un
llamado de otoño, indicaron que el plan debía ser llevado a cabo. Se reunieron
en el faltar de sus jornadas por la mañana y solo el sol fue su testigo, Ella
lo llevo a un laboratorio adueñado por las arañas, expulsando su conciencia
hasta el infinito de la ligereza, entre las ratas le susurro sin pudor el
código de la pasión, y en la suciedad del suelo el metió su aguja para escribir
su nombre dentro del telar, así se desato la bestia que tenía y entre la
lujuria ensuciada y la lluvia de sus cuerpos, como un animal que es aniquilado
abrió los ojos como nunca lo había hecho, despertó en Ella la cordura y como
hace muchos años no lo hacía, vio mariposas en el lugar y ahora todo tenía
sentido , la primavera era otra, no la que construyo. En ese preciso momento
quiso salir corriendo, como era posible, había regalo aquello que solo el Árbol
le había dado, si, ese Árbol que Ella solo creía que era su hogar, pensó en
matar a la Nube y así lo hizo, tomo un cuchillo y se lo enterró y sin sangrar
murió.
Ya sin su telar, sus faros de almendra se
adormecieron y nunca más vieron el brillo de lo esencial.
A pesar de la muerte de la Nube su
fantasma la perseguía y adonde quiera que iba él aparecía y ahora era real,
Ella no lo quería, solo deseaba que él se diera cuenta de ello, porque temía de
las locuras que él podía hacer si Ella se lo comentaba, deseaba ser libre y
volar tan lejos hasta perder su olor, pero él estaba pegado a Ella creyendo en
un mundo de ilusiones falsas, pensando en un futuro compartido que jamás Ella
había deseado y su lengua ya estaba seca de besar al no amado.
Junto fuerzas y sin mirarlo a la cara le
dijo todo lo que Ella necesitaba expulsar, sus ataduras le quemaban la piel,
esto comenzaba a ver su final, pero él no lo entendía pues parecía que su
cadenas lo ensordecían y lo hacían terco a las verdades claras; Así fue como
durante meses la siguió y la trato de enjaular, en todo lugar le ponía trampas
y enviaba miedos para recuperarla. Los ojos de Ella no estaban en condiciones
de estar viendo lugares nublados ni menos para pensar en temores ya que en
ellos solo se encontraba un Zafiro

