En otra parte de este universo, ya había nacido quien pudiera contener el viento y lo supiera cuidar más que a la vida misma, pues era el hijo de la más cálida de las mujeres, pero el navegar de las acciones no le era buenas, ya que al nacer probó la más amarga fruta de todas y era un sabor a desdicha que jamás había podido quitar de su boca. No era igual que todos y aunque el destino quisiera nunca se hundió en el hielo de su triste gusto, era el joven de la Música.
El reloj corrió con los ojos tapados y la
educación de la vida ya le era algo necesario, ya tenía que despertar en el
aquel olor a pasión, para que perdiera vergüenza al mirar, que era algo natural
para alguien como él, que poseía los ojos como el sol y que atrapaban a las
estrellas, las destruía con su magma de ira, sin olvidar aquellas galaxias en
su piel y los caminos que tenía en su espalda, sus cabellos de petróleo que por
las noches era seda oscura
En algunos de sus caminos se tropezó con
el día más ardiente de todos y guardo en él, lo que le avergonzaba, pero la
caja salió corriendo y otra más jugo con el diversiones que jamás soporto. que
en ocasiones la ternura le sobrepasaba, pero esa caja no era más que una caja,
que se quedó con algunos de sus secretos y huyo lejos, antes de enterrarle un
puñal , entendió que ninguna le había comprendido, seco sus ilusiones y guardo
la llave del amar para esperar ver acabar esos millares de amaneceres y por fin
morir.

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