El estómago pesado de dudas y temores.
La garganta afilada acribillando dolores.
Los ojos hinchados exhalando esas
emociones.
Las manos gritando por tus calores.
Y tú que ni me miras.
¿Cómo llamar al perdón en el tormento?
¿Cómo proclamar la calma en este momento?
Suspiro breve; suspiro lento.
No lo cambies ni por el mismo cielo.
Arrullo de tu sutil armonía.
Lléname de la paz que a todos nos guía,
Pues nunca quiero que dejes de iluminar mi
día.

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